Sana como una lechuga

Tres kilos 800 gramos y subiendo, me dijo el doc la semana pasada. Mis papis me lo recuerdan cada vez que me toman en brazos, que lloro por algo de leche (el hambre es cosa seria al mes de vida) o me siento incómoda en mi pieza y me tienen que hacer arrullos y cantarme canciones de cuna. Mi papi inventa canciones entretenidas cuando me arrulla de noche, pero se lleva los retos de mi mami porque las canciones no sirven para dormirme. Tampoco sirve que me hable fuerte, que me muestea las cosas de la casa o me pasee por las piezas como si fuera un tour por el Louvre. Cuando nadie escucha, mi papi dice que se llama "compensación" y que ya quiere ver a mi mami cuando entre a trabajar. El fin de semana anduvo medio movido. Especialmente el domingo, porque partí al cumple de la tía Vero a Limache, porque mi papi tenía que trabajar desde tempranito en una cosa que se llama elecciones presidenciales. Ninguno de mis papis vota, pero no lo hacen por razones totalmente distintas. Yo como que no cacho todavía mucho la cosa, así que no puedo predecir qué haré con mi vida cívica. ¿Por qué uno es ciudadano sólo después de los 18 años? Mi api no supo responderme; tampoco supo por qué mis amigos desaparecen cuando él o cualquier adulto entra a mi pieza. Muchas preguntas rondan mi cabeza y no es menor la de por qué ese sol gigantesco que hay en mi pieza se prende da veces de noche y no me deja dormir. Les dejo la inquietud.



1 Comments:
Pequeña Sofía, ojalá día a día vayas develando esos secretos que para mí, a los 30, aún no están claros. Por ahora, sigo tus pasos como una manera de prepararme para tener un bebé como tú algún día. No muy pronto, ni tampoco tan lejos, pero por mientras me instruyo y trato de entender por qué los niños responden a cosas que los adultos no alcanzamos a captar.
Te seguiré leyendo.
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Anónimo, at diciembre 13, 2005
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